Procrastinar | Ejemplos y Significado según la Psicología

Procrastinar No es cuestión de Vagancia, sino de Emociones

chico que quiere saber lo que es procrastinar
chico desesperado por procrastinar
Según la RAE (Real Academia de la Lengua Española), procrastinar significa “diferir, aplazar”. ¿Cuántas veces te has puesto excusas súper elaboradas para dejar de hacer algo o posponerlo para otro momento más lejano?

Todos, en mayor o menos medida, procrastinamos. Lo importante es saber detectar cuándo nos ocurre y por qué lo estamos haciendo. ¡Vamos a descubrirlo!

¿Qué es procrastinar?

calendario y reloj procrastinar

Procrastinar consiste en posponer, aplazar o dejar pasar actividades o tareas que son importantes, aun teniendo el tiempo y los recursos para realizarlas. Se suelen sustituir por otras menos importantes y urgentes, simplemente por no querer enfrentarlas o por pereza.


La persona que procrastina idealiza el futuro más cercano, pensando que ya llevará a cabo lo que ahora no quiere hacer porque entonces tendrá el valor o se darán las condiciones. 

El hecho de procrastinar guarda un significado bien distinto

Cuando se procrastina suele haber un problema importante detrás. Cuando estamos procrastinando significa que estamos apartando algo en vez de coger las riendas porque la situación puede ser dolorosa, incómoda, difícil o frustrante. Y es más cómo negar o evitar la tarea que pasar por ello. 

chica liberandose de las distracciones para no procrastinar

La procrastinación es una cuestión de estado de ánimo

La procrastinación no forma parte de tu manera de ser, ni tampoco se trata de tener más o menos habilidades organizativas. No. Procrastinar es más bien un problema interno de gestión emocional.


Cuando tienes que ponerte en marcha y te parece que tu jornada va a ser muy larga y tediosa quizá los pensamientos que resuenan en tu cabeza acerca de tu capacidad para llevar a cabo el trabajo son altamente negativos.


Es decir, dudas de ti misma, no te sientes capaz, solo pensarlo te provoca ansiedad y estrés…Si esto nos ocurre, estamos escondiendo la verdadera realidad y nuestro estado de animo está sufriendo las consecuencias.

Ejemplos que se dan en nuestro día a día

Procrastinamos con más frecuencia de la que imaginamos, y aunque hay muchos ejemplos, seguro que estos te suenan:

 

Tener muchas mini tareas urgentes

En vez de empezar con el trabajo en cuestión, tenemos otras tareas más precisas. Tomar una taza de café, encender el ordenador, poner la silla a nuestro gusto, otra taza de café, ir al baño, sacar punta a un lápiz…lo que sea requiere toda nuestra atención.

Las mil y una distracciones

Cuando tenemos que entregar un trabajo o prepararnos para una prueba que requiere nuestro tiempo y dedicación, empezamos a abrir ventanas del ordenador revisando las redes sociales, o entrando en esa web donde nos acabamos de acordar que queríamos comprar algo, luego cogemos el móvil para chatear un rato…El caso es siempre posponer lo importante.

Evitar una conversación

Sabes que tienes que tener esa conversación. Sea para solucionar algún conflicto o porque están en juego tus intereses. ¿Cuántas veces te has dicho que de ese día no pasaba y al final no lo has llevado a cabo? 

Por no enfrentarla, empiezas a tener toda una serie de pensamientos en los que te acabas convenciendo a ti misma de que en otro momento será mejor, más adecuado, irás con las ideas más claras… y así constantemente.

nuestro cerebro nos hace procrastinar

¿Cuáles son las causas por las que procrastinamos con tanta frecuencia?

Muy sencillo. Cuando vamos a ponernos manos a la obra y nos es desagradable, en nuestro cerebro empieza una competición. El sistema límbico, donde se encuentra el centro del placer y la corteza prefrontal, que se dedica a planificar, entran en conflicto para ver quién se hace con el control de la situación.

Cuando postergamos la tarea y la sustituimos por algo que nos es más agradable, como el simple hecho de descansar o ver una película, se genera en nosotros una satisfacción a corto plazo. Si cada estimulo negativo lo apartamos y lo reforzamos con uno positivo, lo que pasa es que cada vez estás más enganchada a procrastinar. 

Y aunque sabemos que estamos perdiendo el tiempo, que deberíamos ponernos con la tarea pendiente y nos entran sentimientos de culpabilidad, no somos capaces de actuar en consecuencia. Esto ocurre porque la dopamina se ha adueñado de nosotros. 

Cómo no procrastinar

No hay una manera exacta y definitiva para no procrastinar. Sin embargo, saber cuándo está ocurriendo, así como hacer un cambio importante en la manera de pensar o la manera de ver aquello que te hace procrastinar puede ser un avance en la solución del problema. 

la procrastinación y el estado del animo
Aun así puedes seguir estas estrategias:

Dividir la tarea tediosa en tareas más pequeñas
Si lo haces, notarás que son mucho más manejables y llevaderas por lo que las podrás realizar con menos esfuerzo y menos ansiedad. Cuando te quieras dar cuenta ya lo habrás acabado. 

Haz un borrador previo
Si sabes que la actividad, faena o trabajo en cuestión requieren de una atención plena desde el principio, dosifícate. Ponte delante de la hoja en blanco y empieza a crear un borrador. Esto ayuda a disminuir la exigencia y avanzar en el trabajo sin tener que dejarlo perfecto, listo y pulido a la primera. 

Más estrategias para no terminar procrastinando

forma en forma de reloj procrastinar
Libérate de las distracciones
Deja el teléfono al lado y si te es posible, apágalo. Desinstala juegos y redes sociales, todo lo que pueda suponerte una distracción, quítatelo del medio. Ya volverás a utilizarlo más adelante. Pero si quieres llevar a cabo la labor, de manera eficiente y sin que te cueste tantísimo tiempo debes reducir al máximo las distracciones y las excusas.

Presta atención
Cuando veas que estás procrastinando, no te lo tomes a mal, no te frustres ni te castigues. Solo conseguirás caer en un bucle de malestar del que te costará salir. Tómate las cosas con humor y reencauza tu atención de manera positiva.

Trabaja con pausas
No quieras hacer una maratón. Solo con pensar en ponerte con la tarea ya lo ves una montaña y te condicionas aun más. Planifica cuales van a ser tus momentos de trabajo duro y cuales tus momentos de descanso merecido. Al hacer pausas intermitentes puedes llegar a ser más productiva. 

¿Qué ocurre si soy una procrastinadora crónica?

Si después de todo lo que has leído te sientes identificada y aun poniendo toda tu intención no consigues dejar de procrastinar de manera adecuada, no te preocupes porque hay solución para todo.

Ponte en contacto con un especialista o profesional que te haga ver la realidad, que te enseñe herramientas y que resuelva todas tus dudas. Verás que en un tiempo récord consigues corregirlo. Eso sí, no lo dejes pasar, no procrastines más. 

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